Competencias y competencia.

Dos palabras que sin duda tienen muchos parecidos, pero solo eso ya que en el fondo y hablando de política encierran grandes diferencias. Yo siempre he considerado que el principio de subsidiariedad en el ejercicio de las competencias por parte de las administraciones públicas es lo que permite, o debería permitir, un funcionamiento más eficiente de las mismas, en beneficio de los ciudadanos. No en vano, bajo ese principio se ha ido desarrollando la Unión Europea.

También en el ámbito autonómico creo en ese principio y ese es la base del autogobierno de las comunidades, como también lo debería ser en el caso de los ayuntamientos, aunque en Catalunya los nacionalistas son recelosos de ceder competencias a los entes locales, por que ello debilita el gobierno autonómico (nacional, según ellos) y por lo tanto debilita el poder la autonomía-nación aspirante a estado.

Me permito un paréntesis en la argumentación del artículo, ya que precisamente en el párrafo anterior está la clave de la diferencia entre catalanismo y nacionalismo que otras veces he esgrimido, lamentando que el nacionalismo e incluso el independentismo se han apropiado del término catalanismo, seguramente no para ejercerlo si no simplemente para eliminarlo puesto que por naturaleza son términos contrapuestos.

A lo que iba, ciertamente en el desarrollo de un Estado moderno el traspaso de competencias entre administraciones debe ir en beneficio de los ciudadanos, ello siempre que las competencias sean ejercidas con competencia. ¿Qué ocurre cuando las competencias se ejercen de forma incompetente? Pues que los perjudicados son precisamente aquellos ciudadanos que deberían verse beneficiados por la aplicación del principio de subsidiariedad.

Recientemente, y sin entrar en el fondo de la cuestión, se ha traspasado la gestión de cercanías de RENFE a la Generalitat de Catalunya, con la esperanza de que ello redundara en una mejor gestión del servicio que utilizan miles de ciudadanos para desplazarse, y que ciertamente en los últimos años ha causado innumerables quebraderos de cabeza a los usuarios. Esta última semana, la Generalitat ha ejercido por segunda vez (la primera fue el cambio de la C de cercanías, por la R de rodalies) su competencia en la negociación de los servicios mínimos ante la convocatoria de huelga general del próximo día 29.

Pues bien, el ejercicio de la competencia ha puesto en evidencia, una vez más, la incompetencia del Gobierno de la Generalitat ya que, los catalanes tendremos menos servicios mínimos durante las horas punta que el resto de ciudadanos de España. Y fuera de las horas punta, pues no tendremos ni tan siquiera servicios mínimos, cuando en el resto de España sí los tendrán.

Esta es la diferencia entre competencias y competencia. La prioridad de Catalunya debe ser la competencia del Gobierno, ya que solo así después se podrá justificar ante la ciudadanía la reivindicación de competencias para el Gobierno. Con estos Gobiernos incompetentes, las nuevas competencias solo nos sirven para salir perjudicados, y luego pretenden llamarse catalanistas.

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